Llevaba varios meses tratando de saborear el dulce sabor del coño de mi
vecinita, siempre la veía en la terraza del al lado de mi casa tomando
el sol y me la imaginaba cabalgando mi hambrienta
polla. Hasta que llego el día tan esperado la invite a tomarse un
refresco a mi habitación y sin pensarlo dos veces ya estábamos
teniendo sexo al aire libre y sin condón.