Qué ilusión me hizo saber que iban a traerme un paquete de correos a casa, no dudé un sólo segundo en esconder la
cámara y follarme si o si a quien viniera. Ahí lo tenéis, un hombre
cincuentón y con aspecto bonachó QUE ESTABA CASADO, pero qué perdió los papeles en cuanto le eché la mano a ''su otro paquete''. Y es que soy la reina de las calentorras.